El / la niño / niña que ha perdido un partido está triste: está enfadado/a
con la pelota, pero poco a poco se irá reconciliando. Él / ella siempre quiere
ganar y no quiere saber nada sobre otros deportes. Poco a poco aprenderá, sin
embargo, que otros juegos también tienen cabida en la calle, en el patio del
colegio... Y que la competencia no siempre es necesaria.